A veces; solo a veces, pareciera que el aroma de la noche desaparece, mientras que la tristeza va fluyendo igual que la sangre en mi cuerpo, como si lentamente se fundiera con mi ser.
Anoche pude sentir la tristeza apoderándose de cada parte de mi alma...como si callera en pedazos mi corazón. Fumé un cigarrillo para calmar el insomnio que ella provoca consiguiendo únicamente sentir la melancolía característica de mis lunas después de una pérdida o al pronunciar un adiós... (un adiós en el que tu esperanza también se va).
Recargué mi cabeza en la pared cerrando los ojos, esperando que cuando los abriera de vuelta ya hubiera desaparecido...(pero eso nunca pasó). Me deslicé hasta el suelo, abracé mis piernas con mis brazos y sumergí la cabeza en ellos como cuando era pequeña.
Las lágrimas brotaron siguiéndose unas a otras; bajaban hasta mi pecho por el mismo trayecto que construyeron durante tantos años, lavando los poros de mi rostro ya vacío.
La calma no tardó en llegar, pero aquel dolor singular hasta ahora no me ha permitido respirar. Repito las mismas melodías, todas y cada una como si entre las notas pudieras esconderte y como si al llorarte fueras a volver.
Es en esas noches cuando me pregunto ¿Aún me recuerdas? ¿Me seguirás imaginando y creando cada día para que yo no deje de existir? como si te hubieras olvidado que necesito de tu esencia, pues el viento ya ha olvidado regalarme esa parte de ti al pasar las noches.